Ucrania ha sido escenario de numerosas protestas en las principales ciudades, las primeras de gran magnitud desde el inicio de la invasión rusa a gran escala hace más de tres años. La indignación se desató tras la aprobación de una controvertida ley promovida por el presidente Volodymyr Zelenski, la cual otorga al fiscal general —una figura de designación política— la supervisión de dos agencias clave en la lucha contra la corrupción, la Oficina Nacional Anticorrupción de Ucrania (NABU) y la Fiscalía Especializada Anticorrupción (SAPO). Este paso ha generado preocupación nacional e internacional, con críticas que advierten que podría socavar la independencia de ambas instituciones y alejar a Ucrania de sus objetivos de integración en la Unión Europea, que exige una lucha firme contra la corrupción como requisito para su adhesión.
Las manifestaciones se organizaron en diversas ciudades del país, incluidas Kyiv, Lviv, Dnipro y Odesa, reflejando un descontento generalizado. Los opositores denuncian que la ley permitirá al fiscal general influir directamente en las investigaciones e incluso archivar casos, debilitando la capacidad operativa de NABU y SAPO. El propio exministro de Relaciones Exteriores, Dmytro Kuleba, condenó esta medida como un grave retroceso, calificando el martes como un “mal día para Ucrania”.
Zelenski defendió la decisión argumentando que busca proteger a las agencias de influencia rusa y romper años de parálisis en las investigaciones. En su mensaje nocturno del martes, aseguró que ambas instituciones seguirán funcionando, pero admitió que el cambio era necesario para contrarrestar amenazas externas, como las recientes detenciones de empleados sospechosos de colaborar con servicios rusos. No obstante, las dos agencias afectadas respondieron señalando que esta nueva ley elimina las garantías esenciales para llevar a cabo su trabajo en la lucha contra la corrupción de alto nivel, exigiendo al Gobierno su reversión.
Las críticas surgen desde diversos sectores, incluido el ejército, donde se recalca que esta situación contribuye al desánimo en un momento crucial para el país. Zelenski afirmó el miércoles que trabajará junto a todas las partes implicadas para abordar los problemas existentes y garantizar un sistema más justo. Sin embargo, el ambiente político y social sigue siendo tenso, con una creciente presión sobre el Gobierno para corregir lo que muchos consideran un paso en la dirección equivocada.