Prehistoria

Descubren que la primera gran cultura neolítica se organizaba con patrones matriarcales

En el sitio de Çatalhöyük, entre el 70% y el 100% de las veces, las mujeres permanecían vinculadas a sus hogares de origen, mientras que los varones tendían a desplazarse al alcanzar la edad adulta.
27 de Junio de 2025 17:00hs
Descubren que la primera gran cultura neolítica se organizaba con patrones matriarcales
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En las vastas llanuras de Anatolia, hace más de diez mil años, floreció una de las primeras y más grandes comunidades agrícolas de la humanidad, caracterizada por la peculiar costumbre de enterrar a sus difuntos bajo los suelos de sus propias casas. Recientes investigaciones, plasmadas en dos estudios publicados en revistas científicas de renombre, han arrojado nueva luz sobre la organización social de este asentamiento neolítico, que prosperó entre el 9000 y el 8000 a.C. Basados en el análisis genético de 131 individuos y los restos óseos de 395, estos estudios revelan que esta sociedad estaba estructurada en torno a linajes maternos, desafiando así la arraigada idea de que las primeras sociedades agrícolas eran inherentemente patriarcales.

El sitio de Çatalhöyük, reconocido como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, ha sido una fuente constante de asombro para los arqueólogos desde su descubrimiento. Su tamaño excepcional, que en su apogeo albergó a miles de personas, junto con su aparente estructura social igualitaria y sus enigmáticas figurillas femeninas, ha alimentado durante mucho tiempo debates sobre la posible existencia de un culto a una "Diosa Madre" o incluso una sociedad matriarcal. Sin embargo, hasta ahora, las pruebas concluyentes sobre la forma en que se organizaban sus habitantes habían sido difíciles de obtener, dejando muchas preguntas sin una respuesta definitiva.

El equipo de investigadores enfocó su análisis en los lazos genéticos entre los individuos que eran enterrados en una misma vivienda, una práctica funeraria distintiva de Çatalhöyük. Los resultados fueron sorprendentes: se encontró que entre el 70% y el 100% de las veces, las mujeres permanecían vinculadas a sus hogares de origen, mientras que los varones tendían a desplazarse al alcanzar la edad adulta. Este patrón genético es una fuerte evidencia de una estructura de residencia matrilocal, lo que sugiere que las hijas continuaban viviendo cerca de sus madres y abuelas, mientras que los hombres se integraban en otras unidades familiares o comunidades tras casarse.

Además de los patrones de residencia, el estudio de los ajuares funerarios reveló un trato preferencial hacia las niñas y mujeres jóvenes en Çatalhöyük. Estos individuos recibían hasta cinco veces más ofrendas que los varones de su misma edad, un hallazgo que refuerza la hipótesis de que las mujeres ocupaban un lugar central no solo en la organización social, sino también en la esfera simbólica y ritual de la comunidad. Sin embargo, los investigadores son cautelosos y advierten que, si bien estos indicios apuntan a una relevancia femenina significativa, no implican necesariamente un matriarcado en el sentido político del término, es decir, un sistema de gobierno dominado por mujeres.

Los hallazgos también permitieron a los investigadores rastrear la evolución de estas estructuras familiares a lo largo del milenio de ocupación del asentamiento. En las fases más antiguas de Çatalhöyük, los individuos enterrados en una misma casa solían ser parientes cercanos, a menudo formando parte de familias extendidas. Con el paso del tiempo, la composición genética de estos grupos se volvió notablemente más heterogénea. En las capas correspondientes a los últimos siglos del sitio, se encontraron neonatos sin parentesco genético compartido en las mismas sepulturas, mientras que los análisis isotópicos indicaban que sus madres habían compartido dietas similares. Esto sugiere que, a pesar de que el vínculo materno seguía siendo importante, la comunidad había desarrollado mecanismos de adopción o crianza colectiva, priorizando la cohesión social por encima de los lazos sanguíneos directos.

Estos descubrimientos contrastan fuertemente con los patrones observados en los asentamientos neolíticos europeos posteriores, muchos de los cuales tienen sus raíces en migraciones provenientes de Anatolia, donde las sociedades agrícolas tendían a ser patrilocales (los hombres permanecían en su comunidad de origen y las mujeres se trasladaban) y los entierros más elaborados solían estar reservados a figuras masculinas.

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