Cambios muy grandes ocurrieron en el este de Europa, el Mediterráneo Oriental y el Levante a mediados del segundo milenio antes de Cristo, muchas de ellas conocidas hoy en forma de leyenda, poesía o relato religioso: caída de Troya, desplazamiento de las culturas luvitas del oeste de Asia Menor, surgimiento de los Pueblos del Mar en el Mediterráneo oriental, ocupación de Egipto por los hicsos, luego salida de los israelitas de Egipto. ¿Pudo esta cadena de acontecimientos que abarcan generaciones, pueblos enteros y siglos, estar influida por modificaciones más al norte?
Un equipo internacional de investigadores ha desvelado radicales transformaciones en la dieta, movilidad y estructura social de las poblaciones centroeuropeas hacia el año 1500 a.C., durante la Edad del Bronce. Un exhaustivo estudio bioarqueológico del cementerio de Tiszafüred-Majoroshalom, ubicado en la cuenca de los Cárpatos, fue clave para esta investigación. El estudio, dirigido por Tamás Hajdu de la Universidad Eötvös Loránd (ELTE) en Budapest, y Claudio Cavazzuti de la Universidad de Bolonia, se publicó en la revista Scientific Reports y se centró en la comparación de restos humanos de dos culturas distintas: la Füzesabony (Bronce Medio) y la de los Túmulos (Bronce Tardío), que utilizaron el mismo cementerio en períodos sucesivos.
Los investigadores detectaron que hacia el 1500 a.C. se produjeron numerosos cambios, siendo uno de los más drásticos en los hábitos alimenticios. Los análisis revelaron que, mientras que durante el Bronce Medio la dieta era notablemente más variada y desigual, con marcadas diferencias en el acceso a proteínas animales entre los distintos estratos sociales, hacia el Bronce Tardío esta disparidad se redujo, dando paso a una alimentación más homogénea pero también más pobre en nutrientes esenciales.
Además, se introdujo un nuevo cultivo, el mijo común (Panicum miliaceum), un cereal de rápido crecimiento con alto valor energético. Este cultivo aparece por primera vez en Europa precisamente en este yacimiento, convirtiendo a Tiszafüred en el registro más antiguo de su consumo en el continente. Su adopción pudo haber sido una respuesta a las nuevas condiciones socioeconómicas, aunque, irónicamente, no evitó el empobrecimiento generalizado de la dieta.
El estudio también evidenció modificaciones en los patrones de movilidad y migración. Mientras que durante el Bronce Medio, Tiszafüred albergaba una población mixta compuesta tanto por locales como por migrantes de regiones cercanas (como la cuenca alta del Tisza o los Cárpatos septentrionales), en el Bronce Tardío disminuyó el número de foráneos, pero estos provenían de zonas mucho más lejanas, posiblemente de Transdanubia o incluso de los Cárpatos meridionales. La datación por radiocarbono indica que estos flujos migratorios se iniciaron en el siglo XVI a.C., coincidiendo con la expansión de la cultura de los Túmulos desde Europa Occidental hacia la Gran Llanura Húngara. No obstante, al contrario de lo que se pensaba, no hubo un reemplazo poblacional masivo, sino una lenta integración de pequeños grupos externos.
Uno de los cambios más significativos fue el abandono de los tells, los asentamientos elevados y fortificados típicos del Bronce Medio. En su lugar, surgieron redes de poblados más dispersas y menos jerarquizadas, un fenómeno documentado arqueológicamente en toda la región que refleja una ruptura con el antiguo orden social centralizado. Curiosamente, aunque se creía que la cultura de los Túmulos estaba asociada a una economía pastoril nómada, los análisis dentales y de isótopos demostraron lo contrario: el consumo de carne y lácteos disminuyó notablemente respecto al período anterior. Es posible que estas comunidades adoptaran un modelo económico más precario, donde la agricultura, incluyendo el cultivo de mijo, tuvo un papel clave sin alcanzar la opulencia de épocas pasadas.
Los investigadores concluyen que hacia el año 1500 a.C. las comunidades de la llanura húngara experimentaron una suerte de "simplificación" estructural, caracterizada por una dieta más pobre, menos movilidad y una organización social menos rígida. Este fenómeno contrasta con la imagen idealizada de la Edad del Bronce como una época de creciente complejidad, y plantea nuevas preguntas sobre cómo las sociedades antiguas enfrentaron, y superaron, períodos de crisis y reorganización.



