Yo se que la muerte prueba que la vida existe. Pero ya pasaron 33 años y sin embargo aun hoy digo 24 de marzo y me estremezco. Me corre frío por la espalda. El 24 de marzo de 1976 fue y sigue siendo el peor día de la historia argentina. El mas nefasto. Es increíble el poder disparador de recuerdos y sensaciones que pueden llegar a tener un día y un mes. Digo 24 de marzo y está todo dicho. La noche mas terrible. Lo peor de lo peor. Mire que nos pasaron cosas terribles como país y nos siguen pasando. Pero no hay nada comparable con el 24 de marzo. Fue el comienzo del reinado de la muerte. La llegada al gobierno del nazismo criollo. La coronación de los sueños de los peores hombres de este país. Querían muertes, torturas, desapariciones, campos de concentración, robos, violaciones, humillaciones, mutilaciones, extorsiones, censura. Querían todo eso y mucho mas. Y lo lograron.
Seguramente todas las sociedades en algún momento de su historia tocan fondo, descienden a los infiernos. Bueno, a nosotros nos tocó el 24 de marzo de 1976. Por eso es una fecha para no olvidar jamás. Por suerte Videla y varios de sus cómplices hoy están presos como corresponde al tamaño de su cobardía. Hace 33 años pusieron en marcha la maquinaria del estado para hacer terrorismo y concretar un verdadero genocidio. Una sociedad mejora su salud mental con ejercicios de memoria. Para que nadie diga que no se enteró, que no sabía, que yo me lavo las manos. Para que nunca mas se repita. Porque borraron de un plumazo a toda una generación. Ese veneno que los golpistas inocularon todavía circula por las venas abiertas de nuestra sociedad. Por eso hoy todavía no sabemos nada de Jorge Julio López desaparecido en democracia durante el gobierno de Néstor Kirchner. Todavía pedimos su aparición con vida. Hay solamente 48 condenados y por eso todavía exigimos que haya juicio y castigo y que esos juicios se aceleren para que haya condenas y para que podamos dar vuelta la página del horror. Es que los dictadores no dejaron delito por cometer. Experimentaron todas las formas posibles de la muerte. No se privaron de nada. Por shock eléctrico, por inmersión y asfixia, por fusilamientos, por incineración, por sofocación, tirando secuestrados desde los aviones, sepultando gente viva en fosas comunes. No hay imaginación tan siniestra como para comprender los asesinatos de niños, las torturas a embarazadas, a discapacitados y los tormentos a padres y abuelos o delante de sus hijos y nietos. Eran tiempos en que según Eduardo Galeano los argentinos nos dividíamos en cuatro especies: los aterrados, los desterrados, los encerrados y los enterrados. Aquel “Nunca Mas” hoy debe transformarse en “ Ni una muerte mas.” Ni una. Ya sabemos que la vida existe y queremos vivirla en paz y en democracia.