Escuchá ahora

Aperitivo Continental

Sábados de 11 a 13. Con Guillermo Stronati y Carlos González Prieto.


Síguenos en:

Manos abiertas al encuentro del mate

Hay que enfrentar y derrotar los tiempos de cólera que estamos viviendo. Tenemos que extirpar el odio que nos envenena la sangre y mancha a toda la sociedad.

Hay que enfrentar y derrotar los tiempos de cólera que estamos viviendo. Tenemos que extirpar el odio que nos envenena la sangre y mancha a toda la sociedad. Hay que frenar a tiempo tanta fractura social expuesta y tanta industria de la confrontación y la venganza. Estos tiempos de cortes de luz, de agua, de rutas, de relaciones fraternales, estos tiempos en donde todo parece cortarse para fragmentar las relaciones con el otro, deben encontrar un límite que tenga la misma fuerza pero con signo contrario.

No queda otro camino que fortalecer los valores fundacionales de las familias y las comunidades organizadas. Sembrar tozudamente la alegría del compartir. La emoción de reconocerse en el prójimo. El tremendo salto como ser humano que pegamos cada vez que hacemos el bien sin mirar a quien.

Hoy a las 19 horas en distintos lugares del país hay argentinos que van a poner algunas semillas en esta tierra caliente e inquietante en la que se convirtió nuestra bendita argentina.
 
Es un pequeño gran gesto. Un ladrillo para sumarle miles de ladrillos y construir la pared de la esperanza. Salir a tomar unos mates con el vecino hoy es conmovedor. Renovar las amistades y la ayuda mutua es necesario frente a la degradación de la condición humana a la que todos asistimos con la implosión social de los saqueos y el pillaje. Hay que recuperar la calle, el espacio público, lo que tenemos en común y que es de todos. Reemplazar el miedo y la sicosis con la generosidad del mate ofrecido. Como dijo un cura cordobés. Matear la esperanza para no matarla.

No sabemos bien que fue lo que detonó tan fuerte para que la sociedad de hermanos se convirtiera en una jauría codiciosa que solo piensa en robar, romper, destruir, especular. No sabemos bien porque ocurrió semejante tragedia social. Pero sabemos que no hay otra manera de reparar la solidaridad dinamitada que volver a edificarla desde abajo y entre todos.

Ese mate tan criollo y tan circular en la ronda del afecto es un símbolo. Es algo sencillo, franciscano diría yo, sano, nuestro que junta nuestras manos y nuestros labios. En la ronda del mate reina la igualdad. Todos bebemos de la misma fuente. El que ceba reparte, homenajea, pregunta si esta muy frío o se lavó la yerba, se interesa por el otro. La idea que surgió de líderes interreligiosos de Córdoba debe ser valorada. Debe ser imitada y multiplicada. Quedaron impresionados en su fe por la aparición ese demonio del individualismo y de la destrucción que es un saqueo. No podría creer que parte de esa sociedad admitiera robarle a su vecino, reventar la casa del prójimo, destruir la mercadería del almacén de la esquina o ver al tío mas bonachón con una escopeta en el techo de su kiosco dispuesto a matar para defender su pequeño negocio, su forma digna de ganarse la vida con el sudor de su frente.

Siempre digo que no soy creyente, que quiero creer y admiro a los que creen. Por eso creo que de esos pequeños gestos debe estar tapizado el camino del futuro. Estamos sentados sobre un polvorín y muchos irresponsables juegan con fuego. Una chispita puede hacer arder lo que tanto nos costó construir. Por eso son tan bienvenidas las palabras de los hombres de fe que fomentan esa cultura del encuentro como hizo ayer el padre Angel Rossi, nuestro compañero de radio de los días viernes.

Nos habló ayer con humor y sabiduría, con emoción y coraje de la tristeza como síntoma del egoísmo. Como emblema de la gente de corazón duro y avaro. Nos incitó a celebrar la vida. Y a fomentar todos los nacimientos como en la Navidad, a ayudar en todos los partos. Inexorablemente debe nacer algo nuevo entre nosotros. Para sepultar la indiferencia, la voracidad por el dinero, la corrupción, la maldición de la droga y terminar con el encierro al que muchas veces nos entregamos mansamente.

Hay que pelear contra eso. Mirar a los ojos de los que ayudamos. Dejar que nos ayuden. Abrazar al otro para ser abrazado. Fortalecer los vínculos y los puentes para terminar con las trincheras. Terminar con los puños cerrados en la bronca y abrir las manos a la esperanza. Son días conmovedores, terremotos del alma. Solo nosotros podemos transformar esa noche oscura en la luz que nos permita construir una sociedad fraternal e igualitaria sin odios ni venenos. Para combatir la intemperie, y erradicar la hostilidad. Para pasar para siempre de esas noches malas a la Nochebuena.




Escrito por Alfredo Leuco. Periodista. Cordobés, hincha de Boca y Talleres. Ex-Columnista de Bravo.continental. Conductor de "Le doy mi palabra" por canal 26. Tiene tres libros publicados, tres Martin Fierro (Mejor labor periodística en Radio, Televisión y Cable) y ganó un Konex como "mejor analista político de la década".

Sobre el Blog Aquí podrás leer y escuchar las columnas periodísticas que Alfredo Leuco realizó en Bravo.Continental desde febrero de 2009 hasta diciembre de 2013.

Seguínos en Twitter

ARCHIVO