Argentina, 20 de agosto de 2014

La sal de la vida

He recibido la postal -todavía hay quien las envía- de un buen amigo, médico, educado con sus pacientes, y trabajador infatigable. Entre otras cosas, me dice que le ha robado a la vida unos días de vacaciones para conocer un hermoso lugar en Escocia.
Por Mariló López Garrido | 17 de Julio de 2012
He recibido la postal -todavía hay quien las envía- de un buen amigo, médico, educado con sus pacientes, y trabajador infatigable. Entre otras cosas, me dice que le ha robado a la vida unos días de vacaciones para conocer un hermoso lugar en Escocia.

Robarle a la vida. ¿Qué son exactamente esas pequeñas y agradables cosas con las que disfrutamos y a las que llamamos “la sal de la vida”? Vacaciones, música, cultura, vida en el jardín, amigos, reír a carcajadas, comer ostras a la orilla del mar, ver una película antigua en blanco y negro, ir a un concierto, leer un libro. Esto es lo que le sucedió a Francoise Heritier, reconocida antropóloga francesa de 80 años, quien se puso a reflexionar sobre lo que es para cada uno de nosotros “la sal de la vida”. Lo hizo tras recibir una postal del profesor Jean Charles Pietre, quien le enviaba unas líneas desde la Isla de Skye, que empezaban así: “Una semana robada de vacaciones en Escocia…”.

Lo cierto es que nunca “robamos” unas vacaciones, una tarde frente al fuego, o un cuento a nuestro hijo sobre las rodillas… Tenemos tal percepción por vivir con la inducción del “perder tiempo, o ganarlo”. Los seres humanos tenemos en el siglo XXI, una esperanza de vida de 85 años, es decir, el equivalente de 31.025 días con un promedio de ocho horas de sueño diario. Dentro de cada jornada disponemos, poco más o menos de tres horas y media para hacer las compras, preparar la comida y consumirla, arreglar la casa, lavar los platos, etc; una hora y media para la higiene personal, el cuidado del cuerpo, las enfermedades, el deporte, etc., y tres horas para tareas domésticas, los niños, el transporte, recados diversos, bricolaje, etc. Además, 140 horas de trabajo al mes a lo largo de 45 años, a razón de seis u ocho horas diarias, pero sin tener en consideración si uno lo pasa bien o no trabajando, y una hora al día de relaciones sociales obligatorias, conversaciones vecinales, el café, asambleas, seminarios, etc.

A partir de este recuento surge la pregunta fundamental: ¿qué nos queda para esas cosas que constituyen la “sal de la vida”? ¿Qué nos queda para las vacaciones, el teatro, el cine, la ópera, los conciertos, las exposiciones, la lectura, la música, salir en bicicleta con tu hijo, un paseo reconfortante, los viajes, la jardinería, la fantasía, el deporte, la reflexión, jugar al dominó, los placeres culpables…?

Alargamos las horas de trabajo para hacerlo mejor, para cumplir, para llegar. Pasamos por el living de casa, mientras tu hija pequeña te dice: “¡vení a ver una peli conmigo!”, a lo que tú le respondes “ahora voy, cariño, ahora voy…”. Pero cuando te quieres dar cuenta, se terminó la película, la posibilidad de sentarte a su lado, hacerle dibujitos con el dedo índice en la espalda, y disfrutar de su calor. Esto ya nunca más volverá; lo que se perdió, se perdió.

Me surge escribir esta nota cuando una oyente, alumna de un curso que di en Europa y posteriormente amiga, me mandó un mensaje de texto hace unos días preguntándome si podíamos vernos, ya que le acababan de operar de un cáncer. No solamente le habían intervenido quitándole doce ganglios, sino que poco tiempo atrás le habían atracado y tirado por los suelos, lo que le provocó la rotura en tres segmentos del brazo derecho –ella es diestra– y la posterior operación para colocarle varios clavos. En su mano izquierda, una letra me recordaba a la dedicatoria que mi hija me escribiera, la cual rezaba textualmente: “tú eres para mí, la sal de mi vida”. Tremendo halago.

Escuchar la música de Mozart, de Astrud Gilberto, de Omar Sosa, quedarte a ver cómo van y vienen las olas del mar, rozar con el dedo una planta sensible, hablar con tu perro, beber un Carvernet Sauvignon, tocar la flauta travesera; ¿qué tiempo le dedicas a la “sal de la vida”?¿Con qué disfrutas verdaderamente? ¿Qué es para ti la “sal de la vida”? Me refiero a aquello que cuando lo haces no puede ser medido con el tiempo cronológico, sino con el único reloj que lo mantiene en hora: el del corazón. ¿A qué dedicas la “sal de la vida”? O por el contrario, y teniendo en cuenta que la sal aumenta la tensión arterial, ¿dónde dejas el mayor tiempo de tu vida? ¿Dónde dejas la salud, aunque parezca contradictorio?
Reserva tu tiempo para construir lo más importante de tu vida. Cuando se acerquen los años de la muerte, no te arrepentirás de lo mucho que has hecho. Te arrepentirás de lo que no hiciste; sobre todo, con el corazón, lo que no disfrutaste con el corazón. De la falta de recuerdos, porque no tuviste tiempo de amar verdaderamente.

Me sucede algo interesante con el vino; me doy cuenta que aunque siempre lo adquiero en la misma bodega, o compro la uva, la cosecha y el año que más me gusta, a veces tengo que mirar varias veces la etiqueta porque no me sabe del mismo modo. Esto me ha sucedido muchas veces, aunque me vengo dando cuenta últimamente. Ahora mi paladar lo ha sentido distinto por la compañía que tenía cuando lo estaba tomando. Eso conforma la “sal de la vida”. Por cierto además, literalmente y en lo posible, que sea sal Rosada del Himalaya, que es la única que no es nociva para el cuerpo.
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Sobre el Autor Mariló López Garrido. Periodista española. Madre de una niña. Directora y conductora de "La Voz de la Noche" de Radio Continental. Investigadora de lo espiritual, escritora y defensora de los derechos humanos y animales. Tiene publicados 19 CDs de Crecimiento Personal y 19 Agendas del Crecimiento Personal. Presidenta y Fundadora de la ONG Niños que Ayudan a Niños. Fundadora y directora del Periódico Ético, Online de Crecimiento Personal.
Sobre el Blog! Blog de Mariló López Garrido, conductora de "La voz de la Noche", programa radiofónico que se emite todos los sábados a las 23.30 hs por Radio Continental AM 590
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