Hay que elogiar sin medias tintas la decisión de la Presidenta Cristina de autolimitarse en los superpoderes. Es una buena medida. Es un paso en el rumbo correcto pero absolutamente insuficiente. Eso quiere decir que al gobierno le cuesta aceptar las demandas de las urnas pero que - poco a poco- no tiene mas remedio que hacerlo. Porque este cambio en el tema de superpoderes no es una concesión graciosa de los Kirchner. Han tenido que ceder producto de la nueva realidad surgida de las elecciones. Esto va para algunos que dicen que votar no sirve para nada, que el sufragio es solo una cuestión formal. Hay que ver como ese castigo tan fuerte y tan extendido territorialmente que sufrió el gobierno los empujó a abrir las puertas del diálogo, a bajar el tono y la cantidad de agresiones y a buscar consensos en muchos temas en los que antes hacían lo que se les venía en gana. ¿Se imaginan que hubiera pasado con todos estos temas si el kirchnerismo hubiese ganando las elecciones? Ese es el valor del voto. La expresión contundente de la soberanía popular que va corrigiendo errores y autoritarismos más temprano que tarde. Es cierto que todavía falta mucho. Pero antes el oficialismo era un bloque gigante e inconmovible como el glaciar Perito Moreno. Y hoy cada día muestra mas fisuras y el calor de los reclamos va derritiendo tanta tozudez. ¿Qué cosas faltan? Un sinceramiento mayor. Un Indec que recupere su credibilidad. Un Consejo de la Magistratura que recupere su independencia. Un Congreso que recupere todas sus facultades delegadas sobre todo para fijar las retenciones. Un combate eficaz y urgente contra la pobreza más extrema, la inseguridad y la droga. Una política agropecuaria integral que permita que los argentinos tengamos alimentos baratos y multiplicar las exportaciones que el mundo nos está reclamando. Un combate a la corrupción que empiece por los mas altos estamentos del estado y que explique las declaraciones juradas del matrimonio presidencial. Falta mucho pero lo que mas falta es el reconocimiento de la verdad y que se termine con la hipocresía o el autoengaño del gobierno. Le pongo un ejemplo: en el mismo acto donde Cristina tomó una decisión que no dudamos en elogiar, volvió a tratar de justificar lo anterior diciendo que lo de los superpoderes era una fábula, un mito y un debate artificial. Pregunto: ¿Y si es un mito porque lo defendió tan acaloradamente en su discurso como senadora? ¿Por qué trató de paranoicos a los opositores que finalmente se tuvieron que retirar del recinto? Si se trata de una fábula, ¿Porque no terminaron mucho antes con esa fábula? Hoy quedan otras fábulas que corregir. Otras mentiras que extirpar. Otras negaciones que superar. Y esto no es una fábula: muchos argentinos sabemos que se dio un paso pero aún hay kilómetros y kilómetros que recorrer. Un paso es un paso. Pero falta mucho todavía.