A esta altura está claro que el matrimonio Kirchner tiene una obsesión enfermiza con el periodismo. Lo han ubicado en el lugar del enemigo principal. Lo han satanizado tanto que han caído en el ridículo de querer hacer creer que ellos hacen todo bien y que los medios dicen que está todo mal. Ese razonamiento es muy primitivo. Implica una subestimación y un paternalismo extremo de los ciudadanos que no son tontos y que no comen vidrio. Por eso ninguno de los medios de comunicación oficialistas tiene éxito. Ninguno. No hay un solo producto radial, televisivo o gráfico que haya logrado acusar peso en la balanza. Todos, absolutamente todos, han fracaso en conseguir oyentes, televidentes y lectores. Es que es tan brutal su genuflexión y obsecuencia que parecen caricaturas mediáticas. Hacen propaganda en lugar de periodismo. No buscan la verdad ni les interesa. Son puro tachín tachín. No se atreven ni a la más mínima critica al oficialismo. El miedo no es zonzo y saben que si tienen la osadía de criticar algo del gobierno de inmediato recibirán el castigo correspondiente y les retirarán la publicidad oficial que los mantiene en pié.
Esa es su forma de subsistir. Elogian todo y no critican nada porque tienen pánico de que les saquen el pulmotor de la pauta que les permite seguir de pié. Los más mercernarios, los que funcionan más por negocios que por convicciones quieren ser mas kirchneristas que Kirchner y utilizan sus espacios para atacar a otros periodistas o medios que mantienen una mirada independiente y que no se arrodillan ante la chequera ni el látigo de los Kirchner.
Es muy perverso el reparto de esa publicidad oficial. Por eso se niegan a que exista una ley que les quite discrecionalidad y que les de transparencia. A esos medios amigos y cómplices les regalan fortunas que pertenecen a todos los argentinos para sostenerlos en forma artificial. Son pauta dependientes. ¿Se da cuenta en que se malgastan los dineros públicos? Se da cuenta porque la presidenta vive luchando contra esos tigres de papel que son los diarios y contra los medios y los periodistas que se resisten a la obediencia debida. Ayer, en solo 24 horas, la presidenta reveló (con “ve” corta) que siempre se rebeló (con “be” larga) antes las formas dictatoriales para manejar la información y dijo que los editoriales reclamando libertad de prensa le revuelven las tripas. Reclamó la nacionalización de los medios para que adquieran conciencia nacional y defiendan los intereses del país. Fue una propuesta muy vaga pero surge clara la pregunta. ¿Quién decide que es la conciencia nacional y cuales son los intereses del país? ¿Cristina? ¿Moyano? ¿Néstor? ¿Ricardo Jaime? ¿O Guillermo Moreno?. Finalmente llamó a no ser giles. A no dejar que nos mientan y que nos envenen.
Hay ejemplos tragicómicos de lo que los Kirchner entienden como periodismo o como libertad de prensa. Por ejemplo, los concursos de Rudy Ulloa Igor en Santa Cruz tipo “Feliz Domingo Néstor” donde obligan a los chicos de los colegios secundarios a elogiar al ex presidente para ganar una viaje de fin de curso a Carlos Paz. Pero lo peor es la malversación de los datos, la mentira a repetición, el insulto, la edición manipuladora de la realidad para inventarse un relato en donde ellos siempre son los héroes y el resto siempre ocupa el lugar de los traidores. Es un camino demasiado arbitrario, demasiado autoritario, demasiado provocador. Con todo respeto: es demasiado, señora presidenta.
Rudy, Cristina, prensa