Es increíble el fenómeno de la señora Eva María Duarte de Perón. Se la nombra de mil maneras. Con amor y con odio, los dos sentimientos desgarradores que ella despertaba en vida: la abanderada de los humildes, la capitana, la perona, la madre espiritual de la Nación, la Santa, la Puta, y sin embargo, alcanza con decir Evita y todo el mundo sabe de que se habla.