No nos olvidemos de Lucas. Ni de Florencia, ni de María, ni de Miguel, ni de Nadia, ni de Tatiana, ni de Carlitos. Ni de ninguno de los muertos. Gritemos, presente. Ahora y siempre. Todos somos Lucas y todos somos todos ellos. Ya pasaron tres meses y las heridas siguen abiertas. La justicia avanza con sus tiempos. Va camino de los procesamientos. Pero el dolor no cede. No cicatriza.