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El cambio de horario perjudicó a los comerciantes de las zonas costeras.
“La gente se queda hasta muy tarde en la playa, y ya no le queda tiempo para hacer compras”, se quejó Ángeles Liberatti, vicepresidenta de la Cámara Textil de Mar del Plata.
El nuevo horario también damnificó a los restaurantes del tradicional balneario.
“Mientras hay sol, la gente elige la playa y no va a cenar hasta muy tarde”, remarcó por Continental.
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