Más de 6.000 personas han muerto en Ucrania en menos de un año, según la Oficina de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos. En abril de 2014 estalló contra los separatistas, respaldados por Rusia. El ejército ucraniano retiró ahora buena parte de su armamento pesado de las regiones de Donetsk y Lugansk, me dijo el embajador de ese país en Argentina, Yurii Diudin, pero, añadió, “el proceso se hace lento porque los separatistas siguen disparando, aunque menos que antes”. Desde la tregua, iniciada el 15 de febrero de 2015, tres días después de los acuerdos de Minsk, murieron 64 militares, cifra pavorosa, aunque alentadora. En esa zona, limítrofe con Rusia, perecieron 1.549 desde el comienzo de las hostilidades.
El repliegue de la artillería no garantiza la paz. Ambas partes se acusan mutuamente de violar el alto el fuego. “El gobierno ucraniano no controla 485 kilómetros de la frontera –explicó el embajador Diudin–. Las llamadas repúblicas populares no son reconocidas ni por Rusia. El cumplimiento de los acuerdos depende en un ciento por ciento de ese país. Sin el apoyo de Rusia, esos separatistas no durarían una semana. Nosotros estamos dispuestos a hablar con las autoridades legítimas, no con esos títeres implantados. Son jefes militares, algunos con pasaportes rusos, a los que nadie eligió. Podemos negociar todo, menos la integridad territorial, la soberanía”.
El conflicto estalló en Ucrania cuando el fugado presidente Víktor Yanukóvich, presionado por Vladimir Putin, decidió en forma repentina no suscribir el acuerdo de asociación con la Unión Europea (UE) por considerarlo incompatible con la Unión Euroasiática y con la unión aduanera alentada por Rusia. La decepción popular convirtió en un polvorín a la plaza principal de Kiev, Maidán, denominada Euromaidán. Lejos estuvo aquello de parecerse a la Revolución Naranja, de 2004, o cualquier otro reclamo de terciopelo por la democracia y la modernización. Frente a la represión hubo barricadas montadas por fuerzas variopintas, incluida la extrema derecha.
El Parlamento de Ucrania depuso en ausencia al presidente Yanukóvich. En represalia, Putin ordenó la incorporación de la península de Crimea, sobre el Mar Negro. Crimea había sido cedida a Ucrania en 1954, cuando ambos países eran parte de la Unión Soviética. La recuperó Rusia, con un referéndum independentista, el 16 de marzo de 2014. La anexión fue rechazada por Ucrania, la UE y los Estados Unidos, convencidos del apoyo militar de Rusia a los separatistas. Luego estallaron los conflictos en Donetsk y Lugansk. Tras 16 horas de negociaciones, Putin; el presidente de Ucrania, Petro Poroshenko; su par de Francia, François Hollande, y la canciller de Alemania, Angela Merkel, rubricaron la tregua en Minsk, capital de Bielorrusia.
“En eso estamos ahora”, dijo el embajador Diudin, preocupado por la lentitud del proceso de paz y por las secuelas de la guerra–. Heredamos una economía deficitaria, al borde del default. La guerra nos ha hecho gastar mucho dinero en mantener operativas a nuestras fuerzas armadas. Estamos haciéndole frente al ejército ruso, que es mucho más poderoso que el nuestro”. El Fondo Monetario Internacional (FMI) le ha concedido a Ucrania un préstamo de 17.500 millones de dólares tras verificar el cumplimiento de dos condiciones odiosas, como la mayoría de las que impone: la devaluación de la moneda y el aumento de los impuestos.
Mientras comenzaban a surtir efecto los acuerdos de Minsk, el líder opositor ruso Boris Nemtsov recibió cuatro tiros en la espalda, cerca del Kremlin, en la medianoche del 27 de febrero de 2015. El presidente ucraniano Poroshenko dijo que Nemtsov tenía "pruebas convincentes" de la injerencia militar rusa en el conflicto de su país. Insinuó que Putin estaba detrás del crimen, adjudicado a separatistas chechenos. “Nemtsov era amigo de Ucrania e iba a exhibir documentos que demostraban la presencia militar rusa en Ucrania”, asintió el embajador Diudin. Lo mataron en las vísperas.
 
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