Aerolíneas Argentinas es el nombre de uno de los graves problemas que el gobierno nacional no ha podido solucionar. Todo lo contrario, en un muestrario pavoroso de improvisación, falta de profesionalismo y cambios de discurso no hizo otra cosa que agravar todos los inconvenientes. Aerolíneas hoy, lamentablemente, está conectada a un dineroducto que inyecta fondos millonarios que pagamos todos los argentinos con nuestros impuestos, incluso los más pobres de los pobres que jamás viajaron en avión.

Estamos hablando de una empresa que tiene un déficit de 1.000 millones de dólares al año. ¿Escuchó bien? Mil millones de dólares por año. Una locura. Algo muy complicado está pasando. Las acusaciones que se vienen haciendo entre los principales protagonistas son escandalosas.
 
Del lado del gobierno, desde Julio de Vido hasta Mariano Recalde pasando por Juan Pablo Schiavi han dicho de todo de los dirigentes gremiales: de corruptos y extorsionadores para arriba. Del lado de los sindicalistas, desde el jefe de los pilotos, Jorge Pérez Tamayo y el secretario general de los técnicos aeronáuticos, Ricardo Cirielli tampoco anduvieron con tibiezas.

Dicen que los que manejan la empresa no tienen ni idea de que se trata, que ignoran completamente el abc del negocio, que defienden su bolsillo personal y que hay inversiones de mas de 2.000 millones de dólares que no se sabe donde están ni en que se gastaron. El otro día le dije que en medio de esa pelea hay aviones en los que viajamos todos los argentinos. Todo se fue complicando cada vez más. Este fin de semana Aerolíneas tuvo que realizar un aterrizaje forzoso. Tuvo que intervenir hasta la propia presidenta de la Nación que manifestaba su bronca a los gritos. Cristina firmó un decreto desde Río Gallegos para pasar a los controladores a la órbita militar cuando el concepto general del gobierno es justamente todo lo contrario.

Ahora le quieren sacar la personería al gremio de los técnicos y los funcionarios y los periodistas que también viven del dinero que pagamos entre todos adoptaron un discurso anti sindical que también va a contramano de lo que el gobierno venía pregonando hasta ahora. Por eso hablo de volantazos y decisiones espasmódicas. Y le cuento que todos los actores de este cambalache son parte de la misma familia política. Porque Ricardo Cirielli no es un izquierdista anti K. Fue funcionario en el área de transporte de Néstor Kirchner. Perez Tamayo fue piloto del avión presidencial y tributa sindicalmente muy cerca de Hugo Moyano y la CGT. Y como si esto fuera poco, Mariano Recalde, hombre de La Cámpora, es hijo del diputado Héctor Recalde que además es el abogado de confianza de Moyano. Todos se definen a si mismos como peronistas.

El voto es secreto pero es muy probable que todos hayan aportado su voto para reelegir a Cristina. No hay grupos opositores en todo esto. No hay medios hegemónicos que hacen terrorismo ni conspiradores financieros. Es una pelea de familia. Una rebelión en la granja. Es hora que dejen de pasarse facturas y de tirarse con carpetazos. Tienen que demostrar que pueden resolver racionalmente este conflicto y poner otra vez a Aerolíneas Argentinas de pie.
 
Fue muy triste escuchar este fin de semana a turistas españoles que fueron abandonados a la buena de dios, tirados con sus valijas en el piso del aeropuerto decir que no iban a venir nunca más a la Argentina. Ojo que el turismo es una de las principales fuentes de trabajo y de ingresos que tenemos en el país. No matemos a la gallina de los huevos de oro. No discutamos a los gritos en pleno vuelo. Por ahora está claro que hay que ajustarse los cinturones y rogar que no ocurra una tragedia. ¿Podrá Aerolíneas despegar para siempre y volver a ser el ejemplo y el orgullo que alguna vez fue? Depende de todos. Pero sobre todo del gobierno.